Van cayendo las opciones, descarto ilusiones.
Ya no voy, ni vengo, no transcurro, quede encerrada en lo que fue.
La amargura va tiñendo mis horas, va marcando el pulso.
El temblor en mi cuerpo genera el miedo de perderme de nuevo.
Insisto en el espejo buscando una respuesta en ojos irritados por el lamento.
Va desbordándome la ansiedad y a la par asumo que encontré el límite al que creí que nunca iba a llegar.
Estructuralmente desarmada no encuentro consuelo y ese cruel desconsuelo hace evidente que mi reflejo, esa que esta frente a mí, mareada ante tanta duda, no puede pedir ayuda.
La angustia impide que los proyectos se realicen, cediendo ante la artificial sustancia que aleja las soluciones más oscuras de mi mente.
Es una engañosa mezcla de soledades que solo sabe darme lagrimas, en la abismal distancia hasta tu interés , en donde tu vida y la mía se asemejan en el dolor creyendo mas interesante lograr que se unan en el amor.
Destinada a esperar sin querer, vuelvo a forzar mi animo, vuelvo a vencerme, rencorosa, llena de dudas, desgastada.
A veces hasta incoherente, aguardo la llegada del malestar, la presión acelera mis latidos, se que va a invadirme de nuevo esta constante inestabilidad.
"...y la vida se acuesta a mi lado y con ella me empiezo a dormir y ahora sueño y me voy alejando de todas las cosas que supe sufrir y sentir, yo y mi jardín..."
miércoles, julio 12, 2006
lunes, julio 10, 2006
martes, julio 04, 2006
Con el miedo de no volver a sentirse querida, deja caer las lágrimas en reiteradas ocasiones, peleando con la madrugada.
En esa necesidad de probarla de nuevo, descubre que se volvió una adicción esa sensación.
Le da miedo saber de que es capaz cuando invade su oscuridad en el medio del sueño, del que la ha arrancado y al que no la deja volver.
Cuando cree haber superado su ausencia insiste, haciéndola pelear con la bajeza de sus atrevimientos, dejándose vencer ante sus viles dolores, esos que aquejan las tardes en blanco cuando sin nada que hacer se refugia entre esas cuatro paredes.
Se paraliza su cuerpo al identificarla dentro, en cada paso truncado, en ese malestar constante, en ese desequilibrio tan obvio, con esa bronca de quien toma decisiones sensatas abandonando las ilusiones que alimentan el alma.
Bastan dos segundos de más para empezar de nuevo, sintiendo que no hay freno que valga en esa lucha; odiándola siempre que puede y necesitando aferrarse a su violenta invasión sin poder negarle la entrada, sin saber si pedirle que se vaya o pedirle que vuelva.
Ausente de miedos, verificando la inevitable incomprensión, ya no le quedan palabras, ya no hay tiempo que valga.
Corrompe sus esquemas, desarticula sus estrategias. Inspira sus no ganas de todo y la única solución al alcance, cuando un solo movimiento sirve para dar de baja a tanta tristeza.
En esa necesidad de probarla de nuevo, descubre que se volvió una adicción esa sensación.
Le da miedo saber de que es capaz cuando invade su oscuridad en el medio del sueño, del que la ha arrancado y al que no la deja volver.
Cuando cree haber superado su ausencia insiste, haciéndola pelear con la bajeza de sus atrevimientos, dejándose vencer ante sus viles dolores, esos que aquejan las tardes en blanco cuando sin nada que hacer se refugia entre esas cuatro paredes.
Se paraliza su cuerpo al identificarla dentro, en cada paso truncado, en ese malestar constante, en ese desequilibrio tan obvio, con esa bronca de quien toma decisiones sensatas abandonando las ilusiones que alimentan el alma.
Bastan dos segundos de más para empezar de nuevo, sintiendo que no hay freno que valga en esa lucha; odiándola siempre que puede y necesitando aferrarse a su violenta invasión sin poder negarle la entrada, sin saber si pedirle que se vaya o pedirle que vuelva.
Ausente de miedos, verificando la inevitable incomprensión, ya no le quedan palabras, ya no hay tiempo que valga.
Corrompe sus esquemas, desarticula sus estrategias. Inspira sus no ganas de todo y la única solución al alcance, cuando un solo movimiento sirve para dar de baja a tanta tristeza.
jueves, junio 01, 2006
Al aire, a "un inconsciente ya inmanejable que no me deja vivir en paz"
Como si se abriera de par en par, la escollera da paso al Río.
Emprende entonces el viaje hacia un horizonte más calmo, sabiendo que las tormentas tomarán de imprevisto su alma en algún lugar del más profundo y azul océano.
Cierto caballero audaz despunta encegueciendo sus ojos, esos cuyo color distrae al agua impidiendo diferenciarlos del oleaje.
El suave sonido va embistiendo sus oídos al ritmo del viento y entonces se sumerge en sus pensamientos escapando de la soledad que abriga su existencia en esa inmensa mezcla de sensaciones, entre libertad y encierro.
Cómo escapar del cielo se preguntaba al tomarse fuerte de la baranda que le salvaba la vida.
Guardo silencio a la espera de un milagro cuando amarro su barco al puerto, las aves pronosticaban las lluvias que no cesarían hasta el amanecer.
Hay ciertas costumbres propias de determinados territorios y otras comunes a los hombres de esta tierra y probaba los besos del Mediterráneo.
A la par del crepúsculo, las olas doradas bañaban las rocas, el ritmo insaciable de su corazón era atacado por aquel fenómeno.
La arena iba metiéndose en sus brazos cuando su piel morena invadía la blanca palidez sureña.
América del Sur siempre supo retribuir sus esfuerzos pero aquel aroma era mucho más que eso.
Aquellas manos lo habían fascinado, los ruidos de sus tacos pisando fuerte, su pollera roja, los lunares…Esas vueltas inalcanzables de su cuerpo confundían el cielo con su pelo. Las estrellas encandilaban la noche, las guitarras tomaban velocidad de golpe.
Caminó por las galerías de la Plaza, sigilosamente se fue acercando. Hervía la sangre por todo el Ayuntamiento, pasó de largo la Catedral y se tomo un descanso en el Palacio asombrado ante tanta imponencia recordando aquellas pestañas.
Supo bucear bajo el sol mas intenso y se encontró con la soledad de nuevo, conviviendo con aquellas cosas que herían sus horas, con cosas así, como cuando desborda el alma.
Los jardines andaluces acompañaron sus lagrimas, digirió comidas colmadas de azafrán cuando la Alhambra lo tomo de golpe.
La luz teñía las hojas del Ciprés, del lado izquierdo una fuente refrescaba su espíritu.
Magia en el aire español hizo que recordara la transpiración que generaban sus labios y retorno al 2 x 4, metiéndose de nuevo en su juego.
Buenos Aires lo esperó con los brazos abiertos. Giro en la esquina y el Obelisco le dio la bienvenida.
Sus pasos recorrieron un San Telmo nostálgico, extrañando el perfume del placer porteño cuando ni las sobras quedan.
Dirigió su mirada hacia el empedrado sin poder creer que una vez más había caído en la trampa.
Recostó su cabeza sobre la almohada, tomo valor y dejo que llegase el sueño entre tanta indiferencia.
Sonrisa de por medio se siguió preguntando que tan necesario es el amor…
Incorporándose subió al tren emprendiendo uno mas de sus viajes y pensó: “Molestia sensual la de este sabor a tierra argentina, seria interesante probar besos con sabor a sierra.”
Y las vías hicieron lo suyo, dejando atrás los mordiscos del Mediterráneo.
Emprende entonces el viaje hacia un horizonte más calmo, sabiendo que las tormentas tomarán de imprevisto su alma en algún lugar del más profundo y azul océano.
Cierto caballero audaz despunta encegueciendo sus ojos, esos cuyo color distrae al agua impidiendo diferenciarlos del oleaje.
El suave sonido va embistiendo sus oídos al ritmo del viento y entonces se sumerge en sus pensamientos escapando de la soledad que abriga su existencia en esa inmensa mezcla de sensaciones, entre libertad y encierro.
Cómo escapar del cielo se preguntaba al tomarse fuerte de la baranda que le salvaba la vida.
Guardo silencio a la espera de un milagro cuando amarro su barco al puerto, las aves pronosticaban las lluvias que no cesarían hasta el amanecer.
Hay ciertas costumbres propias de determinados territorios y otras comunes a los hombres de esta tierra y probaba los besos del Mediterráneo.
A la par del crepúsculo, las olas doradas bañaban las rocas, el ritmo insaciable de su corazón era atacado por aquel fenómeno.
La arena iba metiéndose en sus brazos cuando su piel morena invadía la blanca palidez sureña.
América del Sur siempre supo retribuir sus esfuerzos pero aquel aroma era mucho más que eso.
Aquellas manos lo habían fascinado, los ruidos de sus tacos pisando fuerte, su pollera roja, los lunares…Esas vueltas inalcanzables de su cuerpo confundían el cielo con su pelo. Las estrellas encandilaban la noche, las guitarras tomaban velocidad de golpe.
Caminó por las galerías de la Plaza, sigilosamente se fue acercando. Hervía la sangre por todo el Ayuntamiento, pasó de largo la Catedral y se tomo un descanso en el Palacio asombrado ante tanta imponencia recordando aquellas pestañas.
Supo bucear bajo el sol mas intenso y se encontró con la soledad de nuevo, conviviendo con aquellas cosas que herían sus horas, con cosas así, como cuando desborda el alma.
Los jardines andaluces acompañaron sus lagrimas, digirió comidas colmadas de azafrán cuando la Alhambra lo tomo de golpe.
La luz teñía las hojas del Ciprés, del lado izquierdo una fuente refrescaba su espíritu.
Magia en el aire español hizo que recordara la transpiración que generaban sus labios y retorno al 2 x 4, metiéndose de nuevo en su juego.
Buenos Aires lo esperó con los brazos abiertos. Giro en la esquina y el Obelisco le dio la bienvenida.
Sus pasos recorrieron un San Telmo nostálgico, extrañando el perfume del placer porteño cuando ni las sobras quedan.
Dirigió su mirada hacia el empedrado sin poder creer que una vez más había caído en la trampa.
Recostó su cabeza sobre la almohada, tomo valor y dejo que llegase el sueño entre tanta indiferencia.
Sonrisa de por medio se siguió preguntando que tan necesario es el amor…
Incorporándose subió al tren emprendiendo uno mas de sus viajes y pensó: “Molestia sensual la de este sabor a tierra argentina, seria interesante probar besos con sabor a sierra.”
Y las vías hicieron lo suyo, dejando atrás los mordiscos del Mediterráneo.
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