jueves, septiembre 14, 2006

“En frente mi corazón, en frente yo.
La imaginación es capaz de vagar por los rincones más recónditos de la inconciencia buscando qué cosas aquejan mis sueños cada noche.
Tras un conjunto de frases armadas voy tomando tragos cortos de buen humor en la tarde cálida por la que va asomándose el sol temprano que antecede la primavera de cuánta ilusión persigue el alma que busca enamorarse de la felicidad propia que nunca llega.
La verde vegetación pinta la vereda amarilla cuando la brisa fresca del fin del invierno empapa mi interior con la esperanza de que esta vez realmente sea una buena oportunidad, de que esta vez el bienestar llegue y se quede mientras el ruido de las teclas va dando rienda suelta a las palabras que hablan de mí.
El crepúsculo enrojece el cielo cubierto de nubes rosadas a la par de mi latir eufórico cuando caigo en la cuenta de que la noche esta vez no arrancara pedazos de mi piel malgastada, reseca, por haber derramado lágrimas por bocas que no quisieron encontrarme en las madrugadas mas frías de un otoño que quiso encarnarse en mis ojos y en las manos maltrechas de tanto escarbar en la tierra que no supo dar frutos, precediendo a un verano que me encontró persiguiendo sueños que tampoco fueron más que un sonrisa en terminales y rutas.
Cuando el asfalto se quiebra de tanto peso cargado no queda más que restaurarlo, dejando ver el empedrado de un pasado más simple, sin tantos rodados, ni carrocerías, ni caballos de fuerza.
En carne viva, mi vida, va reconstruyéndose bajo incendios que no son más que fuego en mi historia en donde las llamas abrazan mis días, donde seguro el futuro arda pero con más calma.
Cotidiano, el rutinario aburrimiento me descubre viajando en ideas que fueron, que son y serán quienes llenen mis vacíos cuando busco reencontrarme con la persona que supo reír y quiere volver a hacerlo.
Haciendo catarsis voy rellenando renglones, tranquilizándome tras el análisis conciente acerca de qué cosas me roban la estabilidad.”
Así, fue que desprendía de sí los pensamientos dejándose ser en el atardecer de agosto, esperando la primavera con reales ansias de salir al mundo aprovechando el sol.
En las amistades que saben darle la seguridad que busca, encuentra consuelo y abrigo. Cuando los ruidos van distrayendo su atención de la pantalla, escribe, razona y vuelve a escribir soltándose, emocionada, sabiéndose estabilizada. Sus manos, que se habían transformado en puños cerrados por la bronca, el rencor, el dolor, hoy se relajan, dejando correr el agua. La transparencia del aire va llenando su cuerpo, limpiándolo.
No quiere permitir que la angustia la invada, aunque sepa que ésa sensación a veces es más fuerte y sólo debe aprender a manejarla, aguantarla, controlarla, como sea, de la manera que sea, como quieran llamarla. Al fin de cuentas se sigue tratando del amor que no es, del que espera y desespera, de la forma que tenga, de lo que sea que signifique, de quien quiera ser que lo protagonice. Hay muchas maneras de amar, hay muchos a quienes amar y hay muchos en quienes encontrará correspondencia. El amor, en sí, tiene muchas formas, y una sola: el corazón.
El farol de la noche, pega sobre la calle que sufre la poca humedad que va quedando, la tele cubre el silencio de la máquina con diálogos acerca de infidelidades.
Que aventurero resultó su espíritu, que osado, que desafiante su mirada. Las puertas se van cerrando, cuando al volver a casa, la encuentra sumergida en la creación de un intento de falsa ficción.
Cuenta las horas, los minutos, los segundos que entristeció en silencio, el mismo que fue testigo de su lento marchitar, flor sin jardín.

A veces el malestar se vuelve intolerante.
Absorbió nubarrones grises, lluvias torrenciales, relámpagos y truenos y hoy corre detrás de árboles gigantes, de esos que se plantan inmensos en las alturas, cuyas hojas caen en lentos vuelos, al ritmo natural del viento. Esos que saben dar vida de todo tipo, de todo alcance, esos que en su copa refugian sueños de todos los colores que la imaginación supiera crear....

martes, agosto 15, 2006

“Venia tan derecho hacia mí que nos detuvimos a medio metro de distancia, exactamente bajo el foco de la esquina. Traté de no mirarle la cara, porque me pareció saber de antemano de quién se trataba. Por fin alcé la cabeza y clavé la mirada en su rostro. Vi mi propio rostro. Era tan idéntico a mí, que dudé de estar yo mismo allí, frente a él, rodeando con mi carne y mis huesos el resplandor débil de la mirada que estaba clavando en él. Nunca nuestros círculos se habían mezclado tanto, y comprendí que no había temor de que él estuviese viviendo una vida que a mí me estaba prohibida, una vida más rica y más elevada. Cualquiera hubiese sido su círculo, el espacio a él destinado a través del cual no podía alzar a la llovizna de mayo más que una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza.”

Cicatrices, Juan José Saer
"No crujía una sola madera y la llovizna caía tan silenciosa que más parecía una niebla, en lenta rotación, girando sobre la ciudad negra"

Cicatrices, Juan José Saer

martes, agosto 01, 2006

Me había invadido una sensación entre angustiante y triunfante, en esta dualidad constante que me lleva y me trae.
Concretamente las ganas que de a ratos me dejan ser quien fui, recobrándome en un reencuentro con mi sonrisa y esa desgastante pelea con lo que ya no quiero sentir percibiendo que todavía me rodea la angustia.
En un abrir y cerrar de ojos todo cae, todo se levanta, se interrumpe y continúa en violentos intervalos de estados anímicos.
Van invadiéndome las ideas, acosándome, al compás de la bajada.
Va invadiendo la noche, mis sueños, el malestar constante, el que no da tregua.

jueves, julio 20, 2006

"La vida no siempre es ganar"

Cuando te viste envuelto en esa verde mezcla de realidades, que venia acechándote hacía tiempo, caíste en la cuenta que aislarte diferenciando tu color no alcanzaba.
La violenta ambigüedad penetro en tu interior mientras el oscuro fondo albergaba tus sueños ocultos, esos, que comunes a los hombres, logran quitarte el aire.
Iba seduciéndote paso a paso, entre nubes sigilosas, entre el humo hipnotizante de lo extraño, del limite sensual entre los bordes delimitados por tu abismal brillo.
Te resulto imposible escapar a su veloz cacería, cuando viajando en ese manto nebuloso solo encontrabas mas pasillos sin salidas, infinidad de vacíos entre palabras cruzadas y besos que fueron.
Pretendería contornear tu circular figura el cromo, el celeste, el azul, licuando intenciones, luciendo heridas, flotando.
Muy a la izquierda, por debajo, esa luz se atrevería a resplandecer, que casualidad inconsciente entre medicamentos que no te deparaban esa deprimente contextura.
Ira invadiendo, nuevamente, de a poco, hacia el centro misterioso de tu espíritu donde todo es fuego, furia incesante que trae más enrojecimientos que cielos, amando siempre más tu infernal impulso.
Las tormentas amenazan el universo despejado de estrellas, sin visión alguna de otro ser mas que vos y esa fugaz figura que se acerca. Tu forma y la suya se diferencian claramente, pero su extremo acometerá tu lado derecho y sabes que no podes escapar.
Fundirás tu existencia en ella, en rayos y truenos y ruidos.
Qué creatividad une tus esfuerzos y que inteligencia lograría apartarme de vos en esta corriente carrera hacia las racionalidades sin sentido, donde sintiendo tampoco llegan a mi, ni yo a vos.
Estremece ese cielo lejano que te ata sin triángulos, ni cuadrados, solo círculos que nunca se abren, ni tampoco se cierran. Giran.
Alrededor se esfuma el límite negro entre el vacío y tu lugar, y tu espalda que nunca más estará cubierta y en la mezcla encontrás la receta.
Hablo de vos, de mí, del dibujo, las figuras, la tarde, la noche y la madrugada. Tu guardia y mis altos. Tus sueños y mis anhelos.
La tajada que puso el limite solo recuerda la angustiante imagen en la que se desarmaba del todo el castillo que encerraba esos ojazos audaces, desafiando con la mirada lo que nunca quisiste ver, lo que predecías.
Viajaste tan rápido como pudiste en ese espacio sin tiempo, suspendido cuerpo sin dueño, sin pertenencia.
Mareando peculiaridades vas, enfrentándote a la invasión extrema de sensaciones extremas, a tu pesar, a sus labios, a extrañarlos y dejarlos ir.