Cuando la noche aclare, sabre que ante mis ojos hay otras cosas que en espirales avanzan hacia arriba y caen,como gotas de llovizna. Tendré, entre mis manos el rocío de una mañana luminosa, una canción azul, una flor grandiosa.
Entre escondites, fui buscando ese diamante que brilla mas cuando no se lo ve. Es ahí que el secreto se devela, que se corre el manto de engaños y entrega el alma lo que queda.
Por esos recorridos, voy. Tan en secreto que se descubre. Todo eso que fue, lo todo lo que es, el eco de lo que viene. Una vibración y una reverberancia que exige entender ese contacto sutil, ese profundo momento en que el mundo se comunica.
"...y la vida se acuesta a mi lado y con ella me empiezo a dormir y ahora sueño y me voy alejando de todas las cosas que supe sufrir y sentir, yo y mi jardín..."
jueves, octubre 30, 2014
miércoles, octubre 29, 2014
No es de esas para modelaje. Ni
lisa, ni delgada, ni siquiera sus huesos colaboran.
Cada una de sus marcas es como
un dato cartográfico que contempla el mapa de su recorrido. La cicatriz de la
fractura del dedo meñique cuando resbalo escalando en Australia, la medialuna
chiquita que le quedo del corte cerca del pulgar cuando en Budapest se le cayó
una taza de porcelana.
Tiene la piel curtida de juntar
kiwis en Nueva Zelanda y uvas en Francia, la piel medio morena del sol mexicano
y la roncha en la palma de la mano que quedo de la picadura de una araña en el
Amazonas, trepando un árbol de bananas.
Pero esta mano también conoció la
espalda de Jean Paul, los hombros de Isadora cuando se despidió de Bahía, la
arena cálida y algunos peces el día que acaricio a contrapelo un tiburón bebe.
Agarra fuerte los pasajes,
acaricia el pelo, rodea un muslo y cubre los ojos al atardecer en Bali.
Anuda fuerte una mochila, trenza
una canasta, delinea unos labios deseados.
Es una mano sincera y cruda. Tiene una uñas cuidadosamente cortadas que cada tanto cambian de color, y un anillo de jade que adorna su dedo índice de cuando Sajir, mirándola, la tomo para ayudarla a bajar del camello. Fue entonces, que conoció la profundidad del desierto.
Es una mano sincera y cruda. Tiene una uñas cuidadosamente cortadas que cada tanto cambian de color, y un anillo de jade que adorna su dedo índice de cuando Sajir, mirándola, la tomo para ayudarla a bajar del camello. Fue entonces, que conoció la profundidad del desierto.
martes, septiembre 30, 2014
Lo que tarda
en caer la primera lágrima del destierro, cuesta juntar con las dos manos, en
un río silencioso que cava por dentro de montañas cuevas de brillo y sombras.
Lo que tarda
en nombrarse la ruptura, aletarga en sueños el dolor que siempre llega y nunca
se hace acción, hasta que sí. Ese sol que quema demasiado fuerte hasta helar el
último suspiro.
Una noche
oscura donde las estrellas ya no brillan, el futuro que se deshace, una
desilusión que corta el aire, ahoga el pecho.
El dolor de
escribir en el dolor, la inspiración que nace mejor de esa fuente. El odio de
que no inspire más que el amor.
Un ocaso tan
suave que enciende el horizonte con miedo. Ya no poder dar un paso atrás,
sentir que no hay más formas, que se agotaron los moldes. Ese miedo que abre
heridas nuevas viejas. El olor del abandono, la tristeza que abre los ojos. Ese
enojo tan feroz que arranca todo lo que queda de una sola vez.
Ya no queda
nada, y después: el convencimiento. Una mano que vuelva tomar por el hombro
para no permitir la marcha atrás, darle la espalda al error acertado, mirar a
lo lejos el agua de algún mar desconocido.
No hay dos
piedras iguales. No hay dos ardores iguales. No hay más que lo que queda, de
días nunca iguales, de campos abiertos, de bosques fértiles, de playas
vírgenes, esperando el sueño.
jueves, agosto 28, 2014
Porque sometieron la experiencia
al juicio ajeno, más que a las sensaciones propias, hoy los miran cuando entran. Con las manos sueltas y el corazón apretado.
Un par de palabras poco inocentes que juegan a ser amables pero que desde cerca
y a la distancia son una cuchilla caprichosa, llena de peros sin fundamento.
Hace años no hablan de otra cosa
que de nada, porque ese juicio extranjero no los deja decidir. Una luna
inmaculada robo el deseo en la mirada, una imanada atracción no descansa y el
prejuicio de ellos mismos separa los
destinos, a no ser que la propia vida los reúna en algún lugar de la Ciudad,
cuando el viento deja de soplar sobre las baldosas y sube, enfureciendo el
cielo hasta que vuelven a separarse.
No
alcanza con que no sea. Tiene el destino que recordarles todo el tiempo el
dolor de no haberse arriesgado a tiempo y para eso no hay consuelo. Lamentar,
se lamentan todos pero nadie vive con la carne enrojecida como ellos, porque
todavía queda la atadura de la piel cuando hace cosquillas e insinúa que una
magia que se calla dice todo lo que las palabras no nombran. La certeza del
calor en las mejillas, la espalda que se acomoda cuando vienen, que estremece
por delante cuando van, un jazmín que florece en el primer sol fuerte y se
muere porque falta el último frío.
Y
ahí están, uno que cruza la calle y ve por la ventana a otra que hace de cuenta
que no ve y revisa el celular para ver si fue vista. Un tango que el primero
dejo a la mitad y la segunda no aprendió a bailar por miedo.
Todos los ven, y nadie sabe que al final del día casi ni se acuerdan que los años entierran lo que esos mismos años desentierran al salir por la misma puerta, de la misma calle, del mismo barrio a mil kilómetros de distancia.
Todos los ven, y nadie sabe que al final del día casi ni se acuerdan que los años entierran lo que esos mismos años desentierran al salir por la misma puerta, de la misma calle, del mismo barrio a mil kilómetros de distancia.
viernes, agosto 01, 2014
Y sin embargo todavía
te busco en el recuerdo. Todavía espero que regreses a ese lugar del pasado
donde había un fondo más allá del ojo.
El recorrido de mis
piernas cuando giran, someten mis deseos a otra vuelta de amores sueltos en el
aire. Y ahí te encuentro, entre el humo y el ruido. Estas, en cada una de las
esperanzas que se despiertan encontrándote en un momento. Es difícil omitir el
detalle de tu voz entre la gente, tu presencia cuando no estas. Un pedido
desesperado y silencioso que ruego para no volver a irme detrás de algo tuyo
que no existe. La interpretación de tus palabras, una sonrisa que no comprende
que acá, de este lado del corazón, existen sueños.
Es más intrincado
cuando hay algo en tu energía que ondea con la mía, el vapor del agua
hirviendo, el rastro de un fósforo cuando se apaga, la danza de un sahumerio
cuando prende. Y al final, la ceniza de un fuego que no fue.
Voy a estar pidiéndole al deseo que se vaya, agarrando de la mano tu estrella. Voy a tomar por la cadera el plano inclinado por el que se desliza mi idea, hasta quedar en equilibrio, para que no te vayas pero no me peses. Un par de pasos apresurados que me persiguen y te persiguen, siempre yo corriendo en círculo, tocándome la espalda. Un tierra colorada que despeja mis marcas, como si pudieran borrarse las pisadas.
Voy a estar pidiéndole al deseo que se vaya, agarrando de la mano tu estrella. Voy a tomar por la cadera el plano inclinado por el que se desliza mi idea, hasta quedar en equilibrio, para que no te vayas pero no me peses. Un par de pasos apresurados que me persiguen y te persiguen, siempre yo corriendo en círculo, tocándome la espalda. Un tierra colorada que despeja mis marcas, como si pudieran borrarse las pisadas.
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