"...y la vida se acuesta a mi lado y con ella me empiezo a dormir y ahora sueño y me voy alejando de todas las cosas que supe sufrir y sentir, yo y mi jardín..."
jueves, junio 01, 2006
Al aire, a "un inconsciente ya inmanejable que no me deja vivir en paz"
Emprende entonces el viaje hacia un horizonte más calmo, sabiendo que las tormentas tomarán de imprevisto su alma en algún lugar del más profundo y azul océano.
Cierto caballero audaz despunta encegueciendo sus ojos, esos cuyo color distrae al agua impidiendo diferenciarlos del oleaje.
El suave sonido va embistiendo sus oídos al ritmo del viento y entonces se sumerge en sus pensamientos escapando de la soledad que abriga su existencia en esa inmensa mezcla de sensaciones, entre libertad y encierro.
Cómo escapar del cielo se preguntaba al tomarse fuerte de la baranda que le salvaba la vida.
Guardo silencio a la espera de un milagro cuando amarro su barco al puerto, las aves pronosticaban las lluvias que no cesarían hasta el amanecer.
Hay ciertas costumbres propias de determinados territorios y otras comunes a los hombres de esta tierra y probaba los besos del Mediterráneo.
A la par del crepúsculo, las olas doradas bañaban las rocas, el ritmo insaciable de su corazón era atacado por aquel fenómeno.
La arena iba metiéndose en sus brazos cuando su piel morena invadía la blanca palidez sureña.
América del Sur siempre supo retribuir sus esfuerzos pero aquel aroma era mucho más que eso.
Aquellas manos lo habían fascinado, los ruidos de sus tacos pisando fuerte, su pollera roja, los lunares…Esas vueltas inalcanzables de su cuerpo confundían el cielo con su pelo. Las estrellas encandilaban la noche, las guitarras tomaban velocidad de golpe.
Caminó por las galerías de la Plaza, sigilosamente se fue acercando. Hervía la sangre por todo el Ayuntamiento, pasó de largo la Catedral y se tomo un descanso en el Palacio asombrado ante tanta imponencia recordando aquellas pestañas.
Supo bucear bajo el sol mas intenso y se encontró con la soledad de nuevo, conviviendo con aquellas cosas que herían sus horas, con cosas así, como cuando desborda el alma.
Los jardines andaluces acompañaron sus lagrimas, digirió comidas colmadas de azafrán cuando la Alhambra lo tomo de golpe.
La luz teñía las hojas del Ciprés, del lado izquierdo una fuente refrescaba su espíritu.
Magia en el aire español hizo que recordara la transpiración que generaban sus labios y retorno al 2 x 4, metiéndose de nuevo en su juego.
Buenos Aires lo esperó con los brazos abiertos. Giro en la esquina y el Obelisco le dio la bienvenida.
Sus pasos recorrieron un San Telmo nostálgico, extrañando el perfume del placer porteño cuando ni las sobras quedan.
Dirigió su mirada hacia el empedrado sin poder creer que una vez más había caído en la trampa.
Recostó su cabeza sobre la almohada, tomo valor y dejo que llegase el sueño entre tanta indiferencia.
Sonrisa de por medio se siguió preguntando que tan necesario es el amor…
Incorporándose subió al tren emprendiendo uno mas de sus viajes y pensó: “Molestia sensual la de este sabor a tierra argentina, seria interesante probar besos con sabor a sierra.”
Y las vías hicieron lo suyo, dejando atrás los mordiscos del Mediterráneo.
viernes, mayo 26, 2006
36
Creí que la diferencia estaba en tus ganas a través del tiempo.
El peso de las horas y las palabras al no ceder resecan los dedos que intentan tocar tu infierno.
La helada madrugada me llevo al rebuscado recuerdo de tus besos.
Mientras tanto camino hacia la puerta rezando, “por favor que no se vaya el bondi, que no lo vea, que el sí y me salude, que se acerque y yo me aleje”
Corrí media cuadra por la avenida desierta, entre baldosas flojas y un taxi confundido en diagonales que no existen.
Alcance a subirme con al aire justo de quien apura el paso de golpe y volví a pensar en tu mano en mi cintura cuando tu voz retumbo en mis oídos y ahí estabas.
Claro que en realidad, para ser el mediodía, la franqueza se quedo en la almohada y sin tener nada que hacer cerré los ojos y con el último suspiro me levante a globalizar mi cabeza. Consumí todo el amor que me dio la televisión a las tres de la tarde. (Venezuela sabe hacer novelas)
Arregle los minutos para no darle el pie a tu imagen y arrastrándome llegue una vez más a cerrar con llave y cruzar la calle.
Me di vuelta y empujaste mis ganas de quererte y se deshizo mi idea de dar marcha atrás, mas atenta que nunca a tu dedo pulgar me deje llevar.
Hay ciertos acordes que sacan tu boca de la mía y me dan tus brazos en mi espalda.
Entonces el perro abrió la puerta y el sol me obligo a sacar mi cuerpo de la cama. Buscando excusas incoherentes me senté en frente tuyo pensando que escucharías mis ruegos.
Tu olor recorre mi mejilla al ritmo de tus labios en mi cuello. A la fuerza pido alguna conciencia que me desprenda.
Por tercera vez me pinto las uñas y ya se hizo tarde. Por tercera vez me lo saque cuando la mitad de una hoja en blanco evidencia que fueron dos horas en ruinas. Ciento cincuenta días haciendo equilibrio.
Malabarista de ilusiones baratas, susurro tu nombre, lo repito y algún autor me trae de nuevo.
Esto de tener que buscarte sin que me descubras agotó mis ojos y cubriéndome de la fría indiferencia deje que los sueños te traigan.
Sabiendo que tengo media hora de retrazo termine de pasar los cordones de ambas zapatillas y tus mensajes me devolvieron la fe.
No te pierdas.
martes, mayo 02, 2006
miércoles, abril 26, 2006
Acerca de batallas
Lagrimas de salvación recorren tus mejillas mientras las mías se apoyan en tu brazo.
Que fe tendrás que no te permite llorar aceptando tu humanidad y la relación del hombre con el hombre.
No cuestiono tus ganas de creer, no cuestiones las mías al no hacerlo.
Tu mano sobre la mía cuando bajaba tu temperatura con paños fríos de aliento y tus agradecimientos no alcanzan cuando de amor se trata, te confieso que me quede corta con la ayuda.
Camina lo que haga falta que ella siempre está sosteniéndote con la mirada, que se anima a la vida con vos.
Tres estrellas brillan lo que haga falta a la hora de verte llegar como puedas, dejando atrás el blanco pasillo que nos devolvió las esperanzas, que nos vio apurar el paso a tu llamado, a tu regreso, postrado allá, donde no quisiste ver que te bancaria el universo si así hiciera falta.
Reite lo mas fuerte que puedas, que sacarte una sonrisa es la meta en esta jornada donde nos duele a la par.
Las ventanas y esa horrible cortina nos dan el pie para el comentario sin sentido cuando no quiero que el silencio invada la habitación.
Se fueron de al lado pero bajaron a buscar otra manera de sobrevivir mientras quien te aguanta se preocupa con los gestos y moviliza tu cuerpo dándote consuelo, acomodándote.
Las noches que no dejó que bajaras los brazos, los días que te acompaña negándote la aflicción sin sentido cuando tantas columnas elevan tu espíritu.
La fortaleza de la primera sociedad de la que fuiste parte, hoy me da el valor que me mueve a escribirte…
Tributo al rey y a la reina.
martes, abril 25, 2006
Bichito de luz
No pertenezco a ningún lado, me pertenezco a mi misma.
Voy dejando atrás pisadas erradas, sin rumbo fijo trazo caminos.
Me va llevando el sol, me va soplando el viento en el oído y dejo que mis secretos se vayan así, sacando el misterio que queda de mi.
Te extiendo mis manos para ayudarte a que me ayudes, te doy mi abrazo mas tibio cuando los corazones dejan de latir.
Al final de la hilera estoy yo, en el otro extremo de la fila, al lado del anteúltimo.
A destiempo, ya lo dije, tarde para todo, me voy quedando sin turno, sin silla, sin ronda, sin vos conmigo.
Lleno vacíos con mas vacíos, distraigo mis sueños por un rato, que alguien me deje sin aliento y me lo devuelva en sus labios.
Todo lo que quiero lo tenes en tu boca…
Que sutiles son mis palabras, mas sutiles mis miradas, aun mas mis aguas calmas cuando la marea baja.
Ahí si que se queda la intriga, no hubo quien pueda descubrirme en mis ratos libres, esos que están en la repisa y que solo una reina observo asombrada la tarde en que confesé que nadie podría verlo, porque nadie lo quiere ver.
Mi lugar en el mundo.
Es tan diminuta, silenciosa y arriesgada mi frágil sonrisa; cuesta creer que dentro de este cuerpo haya algo semejante.
Brille para vos, para el, para ellos, para mi todos los días, para esas largas pestañas que se extienden entre el rimel y las sombras. Magia.
De cerca no se ve, tenes que alejarte un poco mas, porque el aire es la clave para mi y para aquellos que vuelven cuando en la distancia ven que las estrellas, como el sol, si uno se acerca mucho enceguecen con su luz…porque separándose de mi, caen en la cuenta de que esta lucecita al margen todavía brilla.