miércoles, septiembre 23, 2015


…hasta que un día toque la angustia con la yema de los dedos. Las brasas estaban calientes, y por encima una rama seca despedía un olor dulce que desgarraba mi memoria en finas fibras de carne.
Enrojecida, mi razón no dejaba de circular por los días que fueron.
Hace poco menos de un año espero.
Ardiendo en recuerdos pienso el futuro como la incapacidad, eso que atora los flujos, y el presente más parece un ancla pesada, una llovizna que no renuncia la estación.
Soy de las que cuenta lo que siente porque se le escapa el pensamiento.
Un barco en aguas sin viento,
un mar sin mareas,
una corriente que de subterránea se entierra, ni siquiera un abismo.
Los pasos en la habitación silenciosa, un pedazo de tarde que graba las preguntas sin palabras, el deseo de sentir una esperanza y la necesidad de que la voluntad abra la puerta.
Todo se enrosca mientras la hoguera se enciende y desdibuja mi silueta, la alza, se estira y desaparece en un universo de estrellas que no se ordena, ninguna constelación las guía. Entonces sueño una danza que intento atrapar pero no bailo.
Un fogonazo que sofoca y fastidia, una letra tan clara que confunde.
Bajó el sol, sale despacio la luna. Tardo en encender la luz como si la penumbra fuera retener el aliento, como si retener el aliento retrasara la angustia.
Todavía me quemo.

martes, mayo 26, 2015

Por ese entonces Malena contempló que la posibilidad de pensar otras historias también existía.
No encontró remedio para la fantasía que iba metiéndose con un ritmo incesante, pero empezaba a ver entre las sombras algo más que las propias - otras sombras, unos matices que todavía no decían mucho.Todavía el deseo estaba atado al recuerdo, un fogonazo que termino dejándola casi ciega, casi sin miradas proyectadas más allá del ayer.
Sabe que en algún rincón escondido la espera esa luz.
Frunce el ceño entrecerrando los ojos porque piensa, se deja llevar un poco y observa, sin saber qué fichas mover, ni cómo, ni cuándo, ni siquiera termina de entender si algunas hay que sacarlas del fuego, para dejarlas helar hasta que congeladas se rompan y se hagan polvo, se vallan con el próximo viento. Todavía no debe ser el momento, dice bajito, aunque el momento sea siempre.

domingo, marzo 15, 2015

Hasta que un día abrió la carpa y al salir, observo que estaba justo frente al lago. Un azul helado era bordeado por una sombra blanca al amanecer de sol frágil. En este sentido, una fragilidad tan humilde que ardía con su sola presencia.
Salió, en ese entonces, al borde congelado del sur. Vio toda su costa y más allá…como en la extensión misma de las cosas que callan. Una ausencia que llena el vacío como diciéndonos entre paréntesis “¡Acá estoy!”.
Mojar los pies no era la opción mas cómoda pero si la que mejor la conectaba con el presente, así que piso con cautela cada una de las piedras hasta que el agua le llegara a las rodillas, fue entonces que decidió mirar hacia atrás un poco, hacia delante de lleno, otras vez detrás suyo todo lo que era de inmenso, y otra vez por delante…abrió los ojos todo lo que pudo para permitir que todo lo que hubiera alrededor quedara guardado no tanto como emoción, si de seguro como sensación. Esperaba, siempre buscando, que cualquier cosa la conmoviera, cualquier detalle por mas chiquito que fuera, pudiera sorprenderla…De algo así se componía su inocencia. Era como un perro medio cachorro medio adolescente que iba festejando e invitando a festejar, aunque muchas veces pudiera eso significar tarascones, mordidas mas o menos fuertes, rasguños, el día sin paseo, pero ni en esos momentos el perro deja de mirar el cielo a través de la ventana, y uno no puede ser tan egoísta como para dejarlo sin su vuelta al mundo.
Llevo dentro del bolso dos piedras, sin antes pedir perdón por ese ultrajo y agradecer por ese mismo regalo en una mañana que creyó inanimada.
Fue con el alma cuando junto todas sus cosas, e intentando no mirar por encima del hombro salio a la ruta buscando otros espacios, ni mejores ni peores sino diferentes. No importaba cuán diferentes, pero otros seguro.
Camino el día entero sabiendo que podía parar donde quisiera, solo era cuestión de tomar la decisión por ejemplo, de calmar la sed o saciar el hambre, incluso simplemente detenerse a respirar, un suspiro que es aliento o calma o animo para seguir o todo eso u otras cosas pero aire.
Solamente quería encontrar donde pasar la noche, para mirar las estrellas y detener el pensamiento, callar las razones, esperar lo inesperado sin esperar nada. Otra vez, desear el silencio.

martes, marzo 10, 2015

Conforme avanzaba la humedad en la pared más se abrían las grietas..........

domingo, febrero 22, 2015

Orkesta Popular San Bomba - El Consejo



Procede como Dios que nunca llora
Como Lucifer que nunca reza
Y como el robledal cuya grandeza necesita del agua y no la implora.