domingo, noviembre 17, 2013

Pero claro que era cierto. Soltaba el lazo de raso de entre las hojas secas y volvía despacito pero sin dudar, con el dolor de saber  lo que estaba soltando, que-estaba-soltando-     lo.
(No pasaba por alto que todavía quedara un jazmín antes del verano.)
Claro que lloraba en los rincones más silenciosos, en las  frutas más amargas, en las pausas del patio de atrás. Así y todo seguía aflojando. No tenía  fuerza para otra cosa más que para soltar. Sabia también, que soltando lo ataba, lo retenía en la ausencia de motivos para dejarlo ir.  
El vacío intolerable cuando no hay respuestas, esa misma incertidumbre que arrolla. La espera de lo que va a venir. O no. Las manos llenas de nada. Un reflejo innecesario. Una despedida que nadie quiere hacer acto, una percepción de la que no queremos la respuesta.


 (Un código que me da la certeza cuando no es lo mismo que este o no tú presencia.)

miércoles, octubre 23, 2013

Tema Libre

Entro una vez más por esos largos pasillos con puertas blancas, todas están numeradas. En cada una, se enrolla un ovillo distinto. Todo parece salpicar de confusión la espera.
Malena lanza preguntas como un pescador lanza la línea al agua, con la ilusión de la recompensa cuando se es paciente. Pareciera que algo va a jalar desde lo profundo.
Esta inquieta, porque sabe que al abrir realmente una de esas puertas puede destellar el vacío o lo obvio, lo que siempre estuvo ahí, lo que transcurre hoy sin forzarlo: el dolor al despegarse de los juegos inflexibles, de las piezas de mármol, de las espaldas que han sabido lastimarla.
 Al vértigo oscuro se lanzó sin pensarlo, sin embargo, elegir algo y tomarlo de la mano sosteniéndolo, casi la desnuda por completo. Es el afirmarse sin culpas,  un trazo que esta tan seguro de ser que no necesita borradores, va y viene inalterable.
Malena baila con su espejo, se repite y se reta por esto. Se come así misma y se transforma en energía, se saca a pasear, se disfraza y se desviste. Se escribe en la mano lo que no quiere olvidar para después lavársela y así, desatarse. Su forma la expone, no tiene horarios.
De vez en cuando descubre algún recuerdo: las figuritas abrillantadas, la muñeca preferida, el salto de dos en dos en cada escalera; la prisa arrolladora, los cuentos infantiles que la mama le regalaba, las uñas mordidas, nadar en la pileta con su papa; la inquietud ante la ausencia, la poca astucia que desvela a la torpeza.
Malena se recuerda, se danza, se abraza, se empuja y se va a buscar en los amplios pasillos, en habitaciones que abre o cierra de un portazo. Se sienta en el borde de la cama a soñar, se desorienta en el camino y baja corriendo para no perderse la conversación que sus hermanos están teniendo en la cocina.

miércoles, agosto 07, 2013

¡Gracias Eugenio por tus propuestas!


El marco de hierro del espejo que estaba pintado de negro, recordaba algún garabato convencional de dibujos que se hacen cuando uno conversa por teléfono, media aproximadamente un cuarto de pared; era moderno, simple, demasiado sincero.
Cuando Joaquín entraba a su departamento de la calle Campichuelo, casi siempre veía su reflejo contra la pared que tenía en el fondo del living.
El día domingo 5 de noviembre, corrió más de dos horas alrededor del Parque que tenía a dos cuadras, buscando desacelerar sus ideas. Roxana había vuelto a dejarlo, seducida por la duda romántica, cruel, dramática, tan mentirosa.
Esa noche al regresar, noto en el espejo una mancha como de plomo, sin darle importancia fue a ducharse, posteriormente a tomar agua, y luego a recostarse a mirar una aburrida película de final de fin de semana. Exhausto por la angustia, fue quedándose dormido sobre el sofá cama. Al despertar, noto que la mancha de plomo era un poco más grande, se acercó y observo algunas pequeñas gotas de agua entre el vidrio y la madera que lo sujetaba detrás. Sin comprender del todo, fue al trabajo como todas las semanas desde hacía 10 años. Durante todo el regreso sintió un hueco a la altura del plexo solar que fue transformándose en una sed sofocante. Para calmar esa sensación, tomo la jarra de la heladera con las dos manos e incorporo en su cuerpo todo el contenido que había dentro de ella. A la mañana siguiente, volvió a notar que en el espejo una gran isla de plomo avanzaba hacia la zona media, y junto con ella las gotas de agua ahora formaban una laguna mediana.
El siguiente fin de semana, no solo Roxana se había paseado frente a su balcón exhibiendo un vestido escotado, tomada del brazo de otro hombre, sino que además, una feroz tormenta había tirado el árbol que tenía enfrente. Ahora Joaquín, solo veía otros balcones, un paisaje monocromático absorbía el aire. A esta altura el ardor de los ojos era tal, que resolvió sumergir la cabeza debajo de la ducha.
El lunes que el espejo era casi un rectángulo cromado en la pared, puso en venta el departamento que se vendió rápidamente. Cuando el vendedor llamo a Alta Gracia para darle la noticia, lo primero que le comento fue que era admirable la forma en que el espejo que tenía en la pared refractaba la luz que entraba por la ventana, seguramente no habría sido sencillo mantenerlo sin siquiera un solo rayón.

martes, agosto 06, 2013


El Camino de las Casuarinas, tiene algo de magia cuando uno mira el cielo verde, que más parece un hormiguero invisible entre las ramas altas de los arboles que se cruzan entre si y acompañan al costado.
Es una ruta colmada de curvas cóncavas y convexas, una reunión de especies antiguas de las que podría decir casi con certeza que conocen de mi, mucho mas de lo que cualquier otra persona corriente de hoy. Guardan mis secretos casi como si fuera yo misma quien dominara su expresión, pero no. Este es un camino cuya existencia decide ofrecerse ante los ojos de solo algunos, que caminando metidos entre la corteza supieron observar lo que no se esconde nunca y por eso mismo casi nadie nota su presencia.
Va sorprendiéndote en cada vuelta, despliega su sustancia de formas extrañas, hasta absorberte en un viento inexplicable, va fusionándote sin darte tiempo a tomar noción de ello. Es un espíritu de bosque acosado por la metrópoli.
Un día de esos en que todo sucedía sin tiempo, descubrí la porción de cuerpo que me faltaba, en su forma irregular, su color de tierra y pisadas. Estaba justo debajo de un Lapacho Amarillo, fue como si estuviera esperándome, como si hubiera venido a buscarme. Rodó conmigo todo el camino, cruzo de mi mano las calles, se detuvo un instante en la plaza circular y continuamos hasta el pasaje de flores rosadas. Latía, puedo asegurar que latía conmigo como si nos conociéramos de siempre, ese vinculo que no necesita nada mas que la imagen concreta del otro en frente. De esa manera conocí a Francisco. De esa misma manera fuimos dejándonos encontrar, cuando el camino así lo quería. Hay momentos en los que de tanto mirar la primer porción, siento como si pudiéramos comunicarnos en la distancia. También se, que por mas esfuerzo que haga, nunca va a saber que le he escrito tanto, que siempre estoy llamándolo. Con el transcurso de los años creo haber aprendido a darme por vencida y aceptar su encuentro cuando las corrientes de aire cambian su rumbo, cuando el sol cambia de frente.
Por la misma razón que abrió el juego esa tarde de Octubre, el pedazo irregular de tierra y pisadas, sigue en la esquina de mi habitación, porque es el tormento pluriangular que a veces prefiero, cuando no renuncio a la fantasía y dejo que lo probable me invada. Su giro se detuvo un día cuando rodando fue a quedarse quieta en el ángulo inferior, justo en diagonal a la ventana que daba al patio de su casa que nunca pude conocer, no puedo detallar el momento, porque no sé cuándo ni cómo sucedió. Se detienen los recuerdos y flotan alrededor nuestro cuando nos atraviesa una luz invisible de juego joven, flota el polvo cada vez que recorro el Camino de las Casuarinas, la esperanza terca que sabe que nunca vamos a encontrarnos ahí, porque sería demasiado mágico y entonces el enigma resuelto me dejaría en paz y terminaría de matar los sueños.

miércoles, julio 17, 2013

El enemigo peor, ese gran saboteador, siempre sera uno mismo y ese miedo a estar mejor...