"...y la vida se acuesta a mi lado y con ella me empiezo a dormir y ahora sueño y me voy alejando de todas las cosas que supe sufrir y sentir, yo y mi jardín..."
miércoles, noviembre 20, 2013
martes, noviembre 19, 2013
domingo, noviembre 17, 2013
Pero claro que era cierto.
Soltaba el lazo de raso de entre las hojas secas y volvía despacito pero sin
dudar, con el dolor de saber lo que
estaba soltando, que-estaba-soltando-
lo.
(No pasaba por alto que todavía
quedara un jazmín antes del verano.)
Claro que lloraba en los
rincones más silenciosos, en las frutas más
amargas, en las pausas del patio de atrás. Así y todo seguía aflojando. No tenía fuerza para otra cosa más que para soltar. Sabia
también, que soltando lo ataba, lo retenía en la ausencia de motivos para
dejarlo ir.
El vacío intolerable cuando no
hay respuestas, esa misma incertidumbre que arrolla. La espera de lo que va a
venir. O no. Las manos llenas de nada. Un reflejo innecesario. Una despedida
que nadie quiere hacer acto, una percepción de la que no queremos la respuesta.
(Un código que me da la certeza cuando
no es lo mismo que este o no tú presencia.)
miércoles, octubre 23, 2013
Tema Libre
Entro una vez más por esos largos
pasillos con puertas blancas, todas están numeradas. En cada una, se enrolla un
ovillo distinto. Todo parece salpicar de confusión la espera.
Malena lanza preguntas como un
pescador lanza la línea al agua, con la ilusión de la recompensa cuando se es
paciente. Pareciera que algo va a jalar desde lo profundo.
Esta inquieta, porque sabe que
al abrir realmente una de esas puertas puede destellar el vacío o lo obvio, lo
que siempre estuvo ahí, lo que transcurre hoy sin forzarlo: el dolor al
despegarse de los juegos inflexibles, de las piezas de mármol, de las espaldas
que han sabido lastimarla.
Al vértigo oscuro se lanzó sin pensarlo, sin
embargo, elegir algo y tomarlo de la mano sosteniéndolo, casi la desnuda por
completo. Es el afirmarse sin culpas, un
trazo que esta tan seguro de ser que no necesita borradores, va y viene
inalterable.
Malena baila con su espejo, se
repite y se reta por esto. Se come así misma y se transforma en energía, se
saca a pasear, se disfraza y se desviste. Se escribe en la mano lo que no
quiere olvidar para después lavársela y así, desatarse. Su forma la expone, no
tiene horarios.
De vez en cuando descubre algún
recuerdo: las figuritas abrillantadas, la muñeca preferida, el salto de dos en
dos en cada escalera; la prisa arrolladora, los cuentos infantiles que la mama
le regalaba, las uñas mordidas, nadar en la pileta con su papa; la inquietud
ante la ausencia, la poca astucia que desvela a la torpeza.
Malena se recuerda, se danza, se
abraza, se empuja y se va a buscar en los amplios pasillos, en habitaciones que
abre o cierra de un portazo. Se sienta en el borde de la cama a soñar, se
desorienta en el camino y baja corriendo para no perderse la conversación que
sus hermanos están teniendo en la cocina.
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